"Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros".
George Orwell
Timor Leste, 2005
Aquel día la guardia había estado mala, mi relevo estaba por llegar, -”Dicen que viene otro herido del tiroteo de Becora”, murmullo el enfermero en tetum y al unisonó miramos el reloj suspendido con “esparadrapo” detrás la camilla. Eran las seis de la tarde, mi turno de doce horas estaba por terminar.
Comencé a chequear con monotonía por última vez cada pacientes antes de la entrega, de repente una voz familiar me llamo: - “! Alexis! Ven un momento que tenemos que hablar.” Era el secretario del partido comunista en la misión: - “Mira esto solo para que lo sepas tu, tenemos reunión con la militancia urgente, Manuel (mi relevo) se escapo el muy hijo de su madre.” (1)
Lo anterior es realidad para miles de mis compatriotas que cumplimos “misiones” durante largos años lejos de nuestras familias y seres queridos. La bella obra de la medicina, el sentimiento puro y noble de ayudar al necesitado, se transforma en una aberrante herramienta o moneda de cambio para influencias políticas.
Para cientos de cubanos en el exterior la vida se divide entre el miedo de escapar y la esperanza de ver a los dejamos atrás. Enviados como ganado, sin pasaportes para que “no escapen”, no es opción servir, es obligación de cada graduado.
La crueldad y oportunismo se nota hasta en la selección: son prioridad en viajar aquellos que están casados, tiene hijos o hijas o son madres, así el estado se asegura que regresaran.
No olvidare ejemplos de crueldad infinita, como aquella madre que por dejar su hija de apenas dos años, no pudo soportar el aislamiento de su clínica en una pequeña isla y devino paciente.
La psicosis depresiva la hiso un manojo de llantos, de su lengua confusa solo salían gritos y un constante: - “! yo quiero ver a mi hija !”. Ella pudo al fin verla, “deshonrosamente” por abandonar su “misión” fue regresada.
En su lugar se envió esta vez a un hombre y de nuevo a los pocos meses regreso deprimido y un tanto transformado; Ya eran dos los casos de depresión así que el partido comunista en su infinita sabiduría decidió cortar por lo sano. Envió de regreso a cuba al único psiquiatra en la misión, así ninguno mas podría ser diagnosticado por muy grabes que fueran los síntomas y si alguien pedía ayuda por depresión o angustia seria tratado no como enfermo sino como un “cobarde y blandito”. Así funcionaba el partido comunista con sus “soldados de las batas blancas.”
Un día de diciembre del 2005 yo escape también, falte a mi relevo como muchos. Desde entonces llevo en mi voz la denuncia de tanta injusticia y la memoria clara de vivir sin libertad.
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